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DESHIELO

                    DESHIELO

"No hay roca tan fría que el sol no recuerde,

ni invierno tan hondo que olvide su río."

I                     El pacto del invierno

Fue hermoso el armisticio de la nieve.

Aceptar el desierto,

volverse piedra entre los altos riscos

donde la sierra duerme su mortaja.

Yo elegí la quietud de los glaciares,

la paz del iceberg, la arquitectura

del hielo que guarnece las heridas.

Nadie puede sufrir si se congela

el cauce de la sangre;

nadie llora si el llanto se hace cuarzo

en mitad de la estepa de los ojos.

Era buena la cripta,

la herrumbre del silencio en los canchales

donde el dolor no quema porque es frío.

I                     La fractura

Pero la luz de mayo en Guadarrama

no sabe de piedad. Entra en la sombra

como un cuchillo de oro que desgarra

el párpado del lodo y la nevasca.

Y arriba, en las techumbres de la sierra,

comienza la violencia.

Hay un temblor de vidrio que estalla,

un trueno sordo que devora el valle:

es la costra del río que se rompe

remedando el latido primigenio

de un corazón que vuelve del abismo.

Cruje la escarcha, cruje la memoria,

el tiempo se fractura

y despierta la fiera del invierno.

I                     El dolor del regreso

Cuesta tanto volver a ser herida

cuando te has habituado a la intemperie...

Descongelarse duele. El agua avanza

con un tropel de agujas por las venas,

limpiando los escombros de la ausencia,

abriendo las compuertas del espanto.

No es dulce la marea;

es un lodo de siglos que despierta,

la vieja quemadura del estiaje

que vuelve a escocer bajo la carne.

Vivir es este daño,

este aluvión de hielos que golpean

los muros del pasado, esta violenta

insurrección del aire y de los brotes.

I                     La herencia del río

Hoy baja Casla abajo la corriente

buscando las llanuras segovianas.

Ya no soy el invierno. Soy el tránsito

del fango hacia la espiga,

la herencia de la cumbre que se rinde

al peso de la vida.

Acepto el vendaval, la torrentera,

la luz desmantelada que me expone,

la cicatriz abierta en la ladera.

Porque el deshielo es ley: para ser agua

hay que romper el templo de la roca.

Mírame, mundo, regresar al mapa,

bajar de los altares del olvido

con los ojos abiertos y la herida

corriendo como un río hacia la vida.

"Herirse es de hombres; volver a fluir, de gigantes. Bienaventurado el que baja de los montes con el alma desatada."

SAN SILVESTRE 2025

 

A.C.P. La Colodra

SAN SILVESTRE

IX “SAN SILVESTRE LA COLODRA”
Día 31 de diciembre, 18:00
Socios: 3E No socios: 5€
Salida y meta: Sede de la Asociación (Casla)
Inscripción hasta el día 28/12 llamando al 665875850

SAN SILVESTRE 2025

 

A.C.P. La Colodra

SAN SILVESTRE

IX “SAN SILVESTRE LA COLODRA”
Día 31 de diciembre, 18:00
Socios: 3E No socios: 5€
Salida y meta: Sede de la Asociación (Casla)
Inscripción hasta el día 28/12 llamando al 665875850

POEMA 2025

METAMORFOSIS

 

Mi cuerpo fue explosión de pura vida,

vendaval de júbilo en la carne,

vestigio de emociones que aún arden

en el seno de una cáscara vacía.

 

El pecho ahora susurra, más pausado,

un eco de latidos ya sin prisa,

del pájaro que flota con la brisa,

dejando atrás un vuelo consumado.

 

El tiempo, ese ladrón, me ha desnudado

de ansias, de pasiones, de certezas.

No desarma, empero, la belleza,

el indeleble fulgor de lo callado.

 

Pues yo, que en este cuerpo desgastado,

no una, sino dos veces fui nido,

en la piel guardo el mapa del sentido

que dibujaron dentro, acurrucado.

 

Y aunque el espejo insista en el ultraje

de surcos y líneas apagadas,

yo celebro las formas señaladas

de hechuras convertidas en mensaje.

 

Porque aun en la ceniza hay forma y fuego,

en las ruinas, rumor de arquitectura,

y en esta piel vencida, la ternura

de todo lo que fui, de lo que entrego.

Metamorfosis sin estruendos,

ley no escrita, eterna e inclemente,

que transfigura todo ser viviente,

mudándolo entre grietas y remiendos.

 

No hay dolor más hondo que el que abraza

la dicha consumada en su partida.

La savia otorga alivio a cada herida

cuando la entrega misma la reemplaza.

 

No temo a la pérdida, ni a la ausencia.

He aprendido a amar sin reclamar.

Soy tierra que se deja modelar,

desnuda ya de gloria y de apariencia.

 

¿Y tú, que en mis entrañas floreciste,

ya sabes lo que es darse sin medida?

¿Ser junco de blandura que resiste,

volviéndose vereda de la vida?

 

Así me sé: no intacta, pero cierta,

gastada, pero llena de sentido.

No hay cambio que no duela en lo vivido,

ni sombra que la aurora no revierta.

 

¿Qué importa si la curva ya no danza,

como en los días fieros del anhelo,

si fue la llama, el centro y el consuelo

del mundo que brotó de su templanza?

 

Madura la raíz que ya no teme

ni al viento ni a la sed, ni a su quebranto.

Florece quien elige darse tanto

que incluso al disolverse se mantiene.

 

El alma, como el árbol, se deshoja

para advertir mejor la lejanía.

Y entiende —por cordura o por porfía—

que dar vida es sólo paradoja.

 

La undécima musa